Como casi todas las noches me asome a la ventana a ver el cielo. Ni lunas ni estrellas, ni pajaritos nocturnos, ni chicharras, ni mariposas, nada. Parecía como si el calor se hubiese tragado todas las formas vivientes, aladas y cuerpos celestiales. De pronto mi esposo desde el cuarto me llama para decirme que la luna se esta alejando cada vez más de nuestro planeta, y esa es la causa del calentamiento global, de los terremotos y las catástrofes naturales. Si yo fuese ella también me alejara de la tierra a pasos agigantados. El planeta azul a quien ella misma dio vida se muere. Sus hijos enfermos reparten la herencia arrojándose destellos nucleares que sirven de hervidero para la necrofilia. La luna de Lorca hoy se desangra y desfallecida arroja su manto sobre el sol, desapareciendo…
Como casi todas las noches me asome a la ventana a ver el cielo. Ni lunas ni estrellas, ni pajaritos nocturnos, ni chicharras, ni mariposas, nada. Parecía como si el calor se hubiese tragado todas las formas vivientes, aladas y cuerpos celestiales. De pronto mi esposo desde el cuarto me llama para decirme que la luna se esta alejando cada vez más de nuestro planeta, y esa es la causa del calentamiento global, de los terremotos y las catástrofes naturales. Si yo fuese ella también me alejara de la tierra a pasos agigantados. El planeta azul a quien ella misma dio vida se muere. Sus hijos enfermos reparten la herencia arrojándose destellos nucleares que sirven de hervidero para la necrofilia. La luna de Lorca hoy se desangra y desfallecida arroja su manto sobre el sol, desapareciendo…Hace treinta y cinco años que nací. Cada año vuelvo hasta mi fuente. Nado soy pez. Busco entre las piedras del ombligo de mi madre . Oigo la noche desde acá. Me encierro ahora soy luna.
Desde la nevera un pedazo de turrón me llama, quiere convidarme a pecar. Hoy es el día permitido! Hoy es un día en la tierra del nunca jamás!
Felíz Aniversario para mí!!!!! Por otros tantos. Salud!
Creado por
Alejandra Vahos |
1:46 PM
|
0
Armadías »
Aquella noche los tres hombres vieron como desde el cielo una bola luminosa cruzaba afanosamente el firmamento, irrumpiendo la tanda de noticias y chismes cotidianos. Luego las diatribas de unos y otros: -Esa cosa era un cometa. –No, era una estrella fugaz. -Esa vaina era una simple avioneta cayendo a pique. -Coño, decía el hombre que desde la camioneta despachaba el pan a una señora, ustedes mañana verán la noticia en primera plana: “Avioneta siniestrada a la altura de los plátanos con 5 pasajeros a bordo, venia de los Roques. Aún no se han encontrado sobrevivientes”. –Que va- decía el amigo que había subido a comprarle pan a su compadre. Esa era una estrella fugaz común y corriente, yo ya estoy acostumbrado a verlas, nada mágico y mucho menos trágico compa. -Que capacidad de análisis la de ustedes. Continuaba el otro que ayudaba de tanto en tanto a despachar. Ese es un meteorito, quien sabe a donde fue a parar, si cayó en la tierra hay que prepararse para tormentas y terremotos en los próximos días. Y si cayó en el mar, cosa terrible en estos días de vacaciones, es muy probable que se desate una desgracia mayor. Compañeros acuérdense de Indonesia, cuando el mar se trago a Sri Lanka entera. Enfrascados en discusiones, hipótesis alucinantes y viejos temores bíblicos los tres amigos hablaban y hablaban sin parar. Por encima de ellos el cielo tomado por cientos de estrellas razantes, aquella noche de agosto y acompañadas por una finísima armonía a lo Vangelis, paralizaban la calle entera. En el mar una Perséida, la última en caer, manchaba con escarcha lunar la punta de la ola que en decreccendo desaparecería tragada por la boca de algún cangrejo. Como si la muerte fuese la vieja escama del mundo.
La noticia llegó de pronto a través de un mensaje de texto: “Golpe de Estado en Honduras” ¿Qué? Mi respuesta. La acción inmediata fue prender el aparato que reposaba inerte en su cómoda mesita, como casi siempre. En nuestra casa el televisor suele prenderse sólo en casos especiales. El canal del estado transmitía a la par con telesur. Militares por doquier, almas verdiaceitunas que se arrastraban. Voraces destellos de coleópteros en rebelión. Todo muy parecido a la experiencia vivida en nuestro país. Que por cierto al parecer pasó a la historia sin pena ni gloría. La impunidad es hermana de todos los males. El abanto buscó entre los restos el hueso más fino, hurgó entre sus filamentos, vistió con su manto y bebió el tuétano. Luego quemó sus cenizas y las lanzó al mar. ¡Qué fácil! El que nació rico tiene la bendición de los apóstoles. Basta con ser exquisito y regodearme entre las ofidias mascaras del buen vestir. Del buen comer. Del buen parecer. Si no les importa señoras y señores esta noche daré un pequeño golpe de estado en el país, estoy aburrido de tanto populismo. Jugare un ratico a ser dictador. ¡Bon appétit Monsieur Micheletti!¶
y en homenaje a nuestro complice eterno Benedetti (in memorian)
Para conocerlo hacía falta no solo cantar estrofas de canciones subversivas, bohémicas y revoltosas. Hacía falta la poesía. La poesía para el amor próximo. El amor para siempre. El que nunca más se olvidaría. Por aquellos días del año 1996 había tomado prestado un libro de Benedetti, “Inventario” en la pagina principal reposaba una declaración de amor no declarada. Cuando la leí tuve que hacer algunas preguntas que me devolvieran el aliento y calmaran mi incertidumbre. Días después comenzaría lo que aún hoy persiste. Benedetti representa para mí la ternura más grande, el amor humano más inmaterial que materia humana pudiese albergar. Benedetti de todos los días. El poeta y nada más. ¡Por el acercamiento y el adiós, por el lado oscuro del corazón, por los que volamos! …para vos.
ROSTRO DE VOS
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
Treparse desde el árbol hasta la ventana de la casa, era cosa fácil para aquellos dos. Sólo un par de escaladas hasta la cúspide y alcanzarían la gloria. Aquella noche nada era santo por aquellos lugares de Santos Lugares. La ventana se había quedado abierta como un regalo a la osadía del que venera.Los gatos en celo callaron ante la interrupción de los intrusos, descender al templo, con los pies ligeros como Aquiles. Comprobar luego que él estuviese dormido.
El hombre descubre entre la oscuridad de la noche una sala casi sin muebles, ni adornos dispuestos en mesas, ni repisas. Logra tantear con sus manos objetos cuadrados, libros en columnas, por el suelo, sobre las estanterías, encima de los sillones. Prende la linterna. En la pared un cuadro enmarcado con la carátula de uno de sus libros. “Antes del Fin”. El otro hombre que seguía de cerca los pasos del que entro primero, descolgó el cuadro y lo guardo en un maletín. Entraron a un pasillo que daba hacía los cuartos y cocina. La silueta intermitente de un personaje casi les enceguece. Escucharon el zumbido de una voz que sólo masculló entre dientes la palabra: “duerme”. El primer hombre creyó reconocerla por entre las otras que después se colaron con la intención de enloquecerlos. Era Bruno. Pensaba. Estoy seguro. Sabían que entrar al templo traería graves consecuencias, como en la tumba de algún faraón egipcio. Pero valía pena. Las manos delicadas de otro ser les estrujaba el pene una y otra vez, por encima de los pantalones. Es Alejandra, le dijo el primer hombre al segundo que venía atrás. Sigue.
Casi al llegar al cuarto sienten la soga al cuello, pero sus manos no lograban tocar la cuerda, nada tenían alrededor, simplemente no podían respirar. Luego los pinchazos de fuego en los ojos haciéndolos tropezar unos contra otros. El segundo hombre grito: el nombre de Fernando como un conjuró ante el miedo. Todo termino.
La idea era verlo, aunque sea una vez, tocar sus fauces sentir las llamas de sus libros desde dentro de la boca del dragón. El fuego bendito, purificador. La enfermera salia gritando al ver los dos hombres intentar abrir la puerta donde dormía el escritor.
Correr a toda costa, huir del santuario profanado. Las voces atenazaban cada vez más, la ventana todavía abierta dejaba colar ráfagas de viento. Trepar de nuevo al árbol, caer a la acera principal.
Los dos hombres ya fuera de la casa, se limpian los restos de hojas secas y tierra de los pantalones. Llevan en el bolso solamente la placa con la carátula del libro. Seguro esperaran a que pase el fulgor de los acontecimientos y habrán de venderla a algún coleccionista por mucha guita. -¡Apúrate! Le grita el primer hombre al compañero. –No ha de tardar en llegar la policía. El otro recoge el bolso del suelo y antes de emprender rumbo voltea hacia la ventana de la casa que acaban de abandonar. En ese momento la ventanilla se cierra, y un ruido seco se deja escuchar. Parece como si un pájaro ciego chocara de frente con la ventana cerrada de alguna casa deshabitada.
Marzo 2009
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